La eternidad es el infinito (∞). Matemáticamente complejo, su uso es problemático y junto a los números imaginarios siempre se sospechó de él. Por ejemplo, aún no hay una forma clara de definir la multiplicación del cero por infinito. También crea paradojas como la del cuerno de Gabriel, una trompeta de diseño tal que su volumen es finito, pero su superficie es infinita.
Cuando se ve la eternidad como algo astrofísico uno se pregunta ¿Es el universo infinito? Claro que no. Los estudios cosmológicos indican que el universo está limitado, empezó una vez y llega hasta cierto punto.
Un ejercicio muy simple para convencerse de esta realidad es la Paradoja de Olbers (1823): “Si el Universo es infinito, hay infinitas estrellas que nos han dado luz por una cantidad infinita de tiempo, el cielo nocturno debería ser totalmente brillante sin regiones oscuras o desprovistas de luz”. Antes de aparecer la teoría del Big Bang ya estaba la idea de que el espacio del Universo es finito.
Ahora bien, ¿Es el tiempo infinito? ¿Cuándo empezó el tiempo? Se puede decir que éste nació cuando se inició el universo y en algún momento terminará, según la ley de la entropía (En cualquier proceso termodinámico hay cierta cantidad de energía que no se puede convertir en trabajo y ésta se pierde, esta energía es la entropía. Si se considera al universo como un sistema cerrado ——al no haber otro universo—— la entropía crecerá con el tiempo hasta que se acabe toda su energía).
Nuestra idea de eternidad está muy relacionada con el tiempo, sin tiempo no hay eternidad. En nuestra forma occidental del ver el mundo y el progreso, sólo se avanza después y hacia adelante, por lo que nuestro deseo de eternidad es una flecha del tiempo de largo infinito. Para el mundo oriental, la vida, el progreso y el tiempo son algo cíclico; suerte de eternas revoluciones de la rueda de la vida tal como ellos la observan en la naturaleza, en un eterno renacimiento. Ellos no se complican con la eternidad, ya que cuando ésta acabe, comenzará de nuevo.
No puede dejar de observarse cómo nuevamente la matemática ofrece una salida a problemas que parecieran estar más allá de los límites de su esfera particular, cuando se pregunta: ¿Qué es la línea recta sino la circunferencia de un círculo de radio infinito?
El golpe a la espiritualidad occidental por parte de la ciencia al limitar nuestra eternidad, se sintió fuerte. Bien lo dijo Ernest Renan: “El hombre puede vivir sin creer en la eternidad, pero es conveniente que uno crea en ella, por sí mismo y por su circunstancia”.
La religión trata de salvar su ideal de eternidad sacando a Dios del tiempo, definiéndolo como atemporal. ¡Menudo problema! Jesús permitió que Judas lo traicionara, usándolo para sus fines; Dios permitió que Lucifer se alzara en su contra para así tenerlo de encargado del infierno. Un Dios atemporal es el máximo manipulador, él debe hundirse con su barco (el Universo) cuando el tiempo se acabe (por la entropía).
La solución a este dilema es simple, el supuesto choque entre la fe y la ciencia ——pelea ficticia forzosamente creada por ciertos teístas retrógrados—— no debiera existir. El campo de acción de la religión es la fe, si Dios se involucra en nuestra realidad para cambiar algo, producirá algún fenómeno físico observable que entrará en el campo de estudio de la ciencia. Teniendo esto en claro uno puede tener fe en Dios y creer en la ciencia, terminándose toda polémica de interferencias mutuas.
domingo 16 de septiembre de 2007
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